La recova, botiga de mobiliari i decoració d'El Rastro de Madrid on cada 3 mesos se celebren exposicions col·lectives d'artistes emergents

Entre las fibras: Tejer papel como meditación

El papel tejido como práctica meditativa y refugio creativo

En una sociedad frenética, con la inquietud persistente de querer saberlo todo en todo momento y la enorme automatización que deja de lado el trabajo manual, el acto de entrelazar papel con las manos se convierte en un acto reivindicativo y, al mismo tiempo, un refugio tranquilo y sanador.

Volver al origen. Recuperar la auténtica esencia.

La precisión como puerta de entrada

Primero hay que cortar el papel que servirá de urdimbre, la base sobre la cual tejer. Para hacerlo, hay que hacer cortes precisos debidamente calculados. En este momento comienza el camino hacia dejar de lado las preocupaciones y distracciones, y poner toda la atención en los milímetros, la regla y el cúter.

Es como el inicio de las respiraciones profundas de cualquier práctica meditativa: este acto de concentración e intención te conecta con la realidad inmediata y ofrece los primeros respiros a la mente agitada.

La intuición y la calma

Las ansiedades y preocupaciones desaparecen mientras las manos realizan movimientos repetitivos que brotan de la intuición. Entro en un estado de meditación consciente donde las palabras no son necesarias, solo la conexión entre las manos y el papel.

Los ritmos, el color y la forma surgen de manera casi automática, natural, sin forzar. Aparecen de dentro hacia fuera: las manos obedecen una voluntad plácida y silenciosa.

El silencio interior

En medio del ruido diario general y constante, encontrar el momento de silencio interior puede ser todo un reto, pero se convierte en una práctica necesaria. En la medida que las manos trabajan, emerge la calma.

Tejer papel es, al fin y al cabo, tejer tiempo. Tiempo para habitar el presente, para escuchar el ritmo interior, para dejar que las formas geométricas hablen lo que las palabras no pueden decir.