Las manos del artista Sol E. Lorán tejiendo una pieza

Entrelazar generaciones

Cómo el papel tejido me conecta con mi bisabuelo

Comenzamos un viaje al pasado que, como todos, tiene consecuencias en el futuro.

El resurgimiento de un álbum

En todos los pisos donde he vivido con mis padres, siempre ha habido recuerdos del bisabuelo: postales, fotografías, su alfiler de corbata, el broche del sombrero, su ex-libris, libros que él encuadernaba, documentos de sus estudios de magisterio en la Escola Normal de Barcelona.

Entre estos objetos hay un álbum maravilloso de Salvador Solé Lorán, donde cada página contiene un ejercicio de «trabajos manuales» que representa una lección de pulcritud, exactitud y autoexigencia. Esta reliquia familiar se convirtió en la puerta de retorno a la creación manual y el inicio de mi trabajo con el papel tejido.

El descubrimiento del papel tejido

Pasando páginas del álbum encontré multitud de ejercicios de papel tejido, una técnica que hasta entonces desconocía. La textura, los colores, las formas, el trazo manual, el diálogo entre las manos y el papel… Un día mi cabeza hizo «clic» y comencé a acercarme al bisabuelo a través de la experimentación con el papel.

Escuchar lo que sale de las entrañas, una guía que me impulsa a entrelazar elementos para dar vida a nuevas piezas.

Salvador Solé Lorán: un homenaje perenne

Desde el principio vi claro que era necesario homenajear su legado en cada pieza que sale de mis manos. Así nació mi nombre artístico: Sol E. Loràn —sus apellidos presentados como nombre y apellido—, un recuerdo perenne que atraviesa generaciones.

Gracias a este nombre he podido conocer familia de la rama Solé Lorán que ignoraba hasta entonces.

Me siento afortunada de poder preservar su memoria y acercarme a su manera de hacer a través de cada segmento tejido. Una conexión intangible pero profunda que me guía a través del pasado y el presente, entrelazando vidas y tiempos una vez más.